Los azulejos sevillanos pintados a mano forman parte del paisaje de Andalucía: fachadas, patios, bancos, fuentes, retablos en las esquinas. Detrás de cada uno hay un oficio que se ha transmitido durante generaciones y que sigue haciéndose de forma muy parecida a como se hacía hace siglos. Te contamos cómo se hace un azulejo artesanal y por qué se nota la diferencia.
La base, un azulejo esmaltado en crudo
El punto de partida es un bizcocho de barro, es decir, una pieza ya cocida una vez. Sobre él se aplica una capa de esmalte blanco que, antes de volver al horno, queda en crudo: una superficie mate y porosa que absorbe la pintura casi como un papel absorbe la tinta. Por eso el pintor no puede corregir: cada pincelada se queda donde cae.
El dibujo y la pintura
Para los motivos que se repiten, como las cenefas o los motivos de 4, el dibujo se traslada al azulejo con una plantilla perforada y polvo de carbón, la técnica tradicional del estarcido. Así se marcan las líneas principales y el dibujo encaja de una pieza a otra.
Después llega la parte más delicada: pintar a pincel. Primero se perfilan los contornos y luego se rellenan los colores. Los colores no son pinturas convencionales, sino óxidos metálicos: el cobalto da los azules, el cobre los verdes, el antimonio los amarillos y el manganeso esos tonos morados y marrones tan típicos de la cerámica sevillana.

El horno, donde el color se vuelve definitivo
Recién pintado, el azulejo no se parece mucho al resultado final: los colores son apagados y polvorientos. Es en el horno donde ocurre el cambio. Nuestros azulejos se cuecen en hornos de mufla a unos 980 ºC. A esa temperatura el esmalte se funde, los óxidos se integran en él y aparecen los colores intensos y brillantes que conocemos.
Como el color queda dentro del vidriado y no encima, no se borra con el sol, la lluvia ni la limpieza. Esa es la razón de que haya azulejos centenarios en Sevilla que conservan sus colores.
Cómo distinguir un azulejo pintado a mano de uno impreso
- Mira de cerca la pincelada. En el pintado a mano se aprecian el trazo, pequeñas acumulaciones de color y variaciones de intensidad. En el impreso, el color es uniforme o se ve una trama de puntos.
- Compara dos piezas iguales. Dos azulejos artesanales del mismo modelo nunca son idénticos. Dos impresos sí.
- Fíjate en el blanco. El blanco esmaltado a mano tiene un tono cálido y un ligero «efecto de aguas»; el industrial es más frío y plano.

Piezas que solo se pueden hacer a mano
Hay trabajos en los que la mano del pintor es insustituible: los retablos de varias piezas, como el retablo del Gran Poder en doce azulejos de 15 x 15; los platos grandes, como nuestro plato de 51 cm; o las piezas personalizadas con un nombre, una fecha o un escudo. Son encargos donde cada detalle se pinta pensando en quien lo va a recibir.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto se tarda en hacer un azulejo personalizado?
Depende del tamaño y del número de piezas, porque hay que dibujar, pintar y cocer. Pregúntanos cuando tengas la idea y te diremos el plazo.
¿Dónde está el taller?
En la avenida de Lepanto 47, en Mairena del Alcor (Sevilla). Desde aquí hacemos envíos nacionales e internacionales.



